¿Cuántas de vosotras os habéis preguntado, cuando estabais embarazadas, si era apropiado seguir practicando yoga o, si no lo hacíais previamente, empezar a hacerlo?

Supongo, por la cantidad de veces que me lo han preguntado alumnas, que seréis unas cuantas. Muchas se preguntan si no es más aconsejable buscar un grupo de “sólo embarazadas” para la práctica. Ya sabéis (y si no es así, ahora ya lo sabéis) que aquí expreso mis opiniones basadas principalmente en mi experiencia como profesora de yoga. No es que esté en contra de los grupos exclusivamente de embarazadas sino que no los considero indispensables. Y me explico:

Desde la primera semana de embarazo se producen cambios tanto físicos como hormonales, así como emocionales. Si el embarazo se desarrolla de manera normal y no hay ninguna contraindicación por parte de tu médico se puede practicar sin problemas, siempre teniendo en cuenta una serie de precauciones.

El primer trimestre es en el que tenemos que poner más cuidados ya que el feto ha de asentarse y, generalmente, es el período en el que más riesgo de aborto hay. En cualquier caso, desde el principio hay que sustituir o evitar ciertos aspectos y ejercicios de la práctica de yoga. He aquí los más importantes:

  • No apoyar el abdomen
  • No retener el aire en los pranayamas
  • Evitar trabajar (sobre todo en las asanas de pie) con los pies juntos.

De lo que se trata en el caso de las posturas físicas es de que el útero quede lo más libre posible. Una simple cuestión de lógica.

El Saludo al Sol también ha de modificarse durante el embarazo para adaptarse a los cambios que se sucederán durante los próximos meses. Os indico las pautas a seguir durante la serie del Saludo al Sol para que podáis practicarlo y disfrutarlo tranquilas:

Como os indiqué anteriormente, conviene evitar trabajar con los pies juntos para evitar presión en la zona baja abdominal, algo muy común debido a que los ligamentos van estirándose para sostener el útero. Así pues, comenzaremos el Saludo al Sol con los pies ligeramente separados (del ancho de la cadera, como referencia) y al apoyar las manos en suelo cuando bajemos con el tronco, lo haremos apoyándolas entre los pies y no a los costados. De esa manera, tanto cuando llevemos uno de los pies atrás o hacia delante el útero quedará liberado. A la hora de llegar a bhujangasana habrá que evitarla para no apoyar el abdomen; podemos sustituir ese movimiento por la postura del gato y el perro, así además podremos dar elasticidad a la zona lumbar (zona que, sobre todo a partir del 2º trimestre, puede sufrir molestias).

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De esta postura pasaremos directamente a Adho Muka Svanasana (postura del perro hacia abajo). Recordad que cuando llevéis el pie hacia delante, éste habrá de quedar por fuera de la mano que está delante para dejar libre el útero.

En cuanto a las asanas invertidas sobre los hombros (Viparita Karani, Sarvanga, Halasana), en principio y siempre y cuando el embarazo no presente ninguna complicación, podrán practicarse con las precauciones que cada futura mamá entienda que deba tomar en función de lo que las posturas le hagan sentir. Esto es lo que podéis sentir en este tipo de postura y que tendréis que observar: tened en cuenta que a medida que la barriga crezca, la presión sobre los órganos también puede aumentar. Al quedar en posturas invertidas puede que nos provoquen sensaciones incómodas y convendrá buscar alternativas. La más socorrida y segura es apoyar las piernas en una pared y dejarlas descansar invirtiendo la circulación sanguínea sin levantar la espalda.

Otras asanas a tener en cuenta para adaptar al embarazo son las posturas abdominales. Fortalecer el abdomen durante el embarazo es un trabajo desperdiciado (vuestro abdomen está en otra cosa ahora). Lo que suelo recomendar a mis alumnas embarazadas es alternar un trabajo de piernas (levantando primero una, bajándola y repitiendo con la otra). Ese ejercicio, aparte de mantener activa la circulación sanguínea, fortalece el suelo pélvico.

Ni que decir tiene, que las asanas bocabajo se evitan todas.

Como se puede ver, dando las indicaciones correctas, un profesor puede adaptar una clase grupal perfectamente a las alumnas embarazadas (eso sí, la comunicación entre ambos es importantísima). Por esta razón, no considero indispensables los grupos exclusivamente de embarazadas. Más bien creo (y esto es una opinión personal por lo que por experiencia he podido comprobar) el formar un grupo de esas características corresponde más a un sentimiento, por un lado y por parte de la alumna, de no sentirse un “estorbo” (un alumno nunca lo es) y por parte del profesor (a veces) por comodidad a la hora de dar las indicaciones. En cualquier caso, lo que debe primar es lo a gusto que la practicante se encuentre, por lo que la decisión a la hora de buscar grupo específico o no, será siempre vuestra.

Los beneficios de yoga durante el embarazo son muchos: aprender a respirar, fortalecer músculos, hacer crecer la confianza y seguridad en una misma, quitar tensiones, aprender a controlar estados de ánimo negativos… Todo esto hace que merezca la pena practicar no importa en qué tipo de grupo.

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