Hace unos días publiqué una encuesta en Twitter para saber si practicabais yoga en casa y si se correspondía a una práctica única o a un complemento a otra realizada en centro, escuela o gimnasio.

Me interesaba saber, de ser así, qué soporte usáis para llevar a cabo esa práctica para poder analizar los pros y contras siempre desde mi opinión personal como profesora de yoga.

La verdad, nunca he sido muy partidaria de la práctica en casa, quizás porque lo he hecho y he notado (como alumna) demasiadas carencias a la hora de hacerlo sin supervisión. Por ejemplo, siempre me faltó alguien que me corrigiera o la seguridad al menos de tener al profesor que te corrija, echaba de menos las indicaciones, los consejos… Es verdad que yo no usaba ningún tipo de soporte, trabajaba con lo aprendido en las clases, de memoria, vamos. Siempre pensé que para hacer yoga en casa uno debería ser un alumno avanzado, con seguridad y confianza.

Fijándome en la encuesta a la que contestasteis, vi que la mayoría de los que practicáis en casa lo hacéis a través de internet (YouTube u otras plataformas específicas de yoga – webs  o similares). A raíz de vuestras respuestas estuve indagando y conociendo profesores que ofrecen clases on-line.  He de reconocer que muchos de esos vídeos son muy buenos; explicaciones cercanas, muy precisas y claras. Canales de YouTube con clases bien definidas por niveles de dificultad y bien ejecutadas por los profesores. Pero también encontré vídeos vergonzosos: profesores que se ahogaban quedándose literalmente sin aliento al hacer las asanas al mismo tiempo que daban las indicaciones, tonos de voz más propios de “líneas calientes” que de una clase de yoga, en algunos de esos vídeos no se daban indicaciones o consejos para determinadas dolencias (algo importantísimo cuando no hay un contacto directo con el practicante).

Por todo esto es crucial saber seleccionar bien el material con el que queremos mejorar nuestra práctica, ya que ése es probablemente el motivo principal por el que decidimos hacerlo en casa. Para eso, me permito daros unos cuantos consejos tanto si usáis DVD, YouTube o webs especializadas.

 

  1. Lo primero que tenemos que hacer (y es uno de los principios básicos en yoga – ya empieza ahí nuestra práctica) es ser conscientes de qué tipo de alumno/practicante somos: nuestras limitaciones y posibilidades, el nivel que tenemos de práctica, lo que hemos aprendido hasta este momento.
  2. Deberemos plantearnos qué tipo de material se ajusta más a nuestras necesidades. Por ejemplo, el DVD tiene la ventaja de no necesitar conexión a la red y todo lo que provenga de internet es mucho más diverso (con las ventajas e inconvenientes que ello conlleva).
  3. Debemos decidir también qué clase queremos hacer: o una equivalente a nuestro nivel o algo más avanzado (cuidado con esto, repasar punto 1)
  4. Una vez decidido el vídeo que queremos utilizar es importante hacer un primer visionado completo de la clase entera para sacar una idea global de lo que se va a trabajar durante la sesión y si vamos a ser capaces de seguirla.

Ahora me voy a permitir la licencia de daros mi opinión: yo no basaría mi práctica únicamente en las sesiones que hiciera en casa. Sí lo haría como complemento o como medio para mejorar según qué asanas más “complicadas”. Tened en cuenta que yoga es una disciplina que pretende potenciar nuestro interior, de ahí que se considere una meditación activa. El estar pendiente de unas imágenes provenientes de un vídeo del origen que sea, no favorece que prestemos atención a nuestro interior por eso debemos plantearnos si lo que hacemos en casa frente a un televisor o la pantalla de un ordenador se corresponde con una práctica real de yoga o un mero entrenamiento o prueba.

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