CARTA A UN MISERABLE

Querido miserable:

Mira que hice lo impensable para no toparme ayer en las redes contigo. Pues nada, como por arte de birlibirloque, apareciste. Bueno, tú y unos cuantos como tú porque sí, lo siento, no eres nada original; hay unos cuantos miserables más que se alegran de la muerte de otra persona. Es lo que tiene la miseria mental, que es muy ordinaria (en el amplio sentido de la palabra).

El caso es que te leí a ti. Haciendo “gracietas” sobre el piloto fallecido ayer en accidente aéreo. Supongo que pensabas que esa actitud te hacía parecer un poco más rebelde y “modenno” comparado con como debes sentirte en realidad en tu aburrida vida. No te preocupes, eso sigue estando dentro de la ordinariez de la que hablábamos antes.

Hablabas en tu tuit del Karma como paradoja al accidente en el que falleció esa persona. Pues verás, te voy a explicar un poquito. Te vas a reír:

El concepto de Karma, interpretada como una especie de ley de compensación (causa-efecto) es una interpretación muy extendida y ya casi aceptada como única, pero muy simple (mira, como tú) o simplista.¿Qué ente superior se cree nadie para aplicar esa moral según la cual a tal acto corresponde un castigo? ¿Tú, desde tu cuenta anónima de Twitter? Ya, entiendo…

Resulta que el concepto de Karma tiene interpretaciones distintas. Por ejemplo, hay matices distintos en el budismo o en el hinduismo. En este último (que es el que más conozco) se sostiene que cada acción de una persona tiene repercusiones (atento) tanto negativas como POSITIVAS. Lo sé, te has quedado loco. No te lo esperabas porque tú sólo pensabas en el castigo (ese concepto tan católico, como el de culpa).

Siguiendo tu interpretación simplista del término, podríamos también deducir que todos los insultos y malos deseos que recibiste en respuesta a tu tuit son también consecuencia de tu karma, ¿no? En compensación tuviste el apoyo de otros cuantos y de tu mujer (a la que también tuve la gran fortuna de leer alentándote y felicitándote por el odio que despertaste – qué cosas).

Yo no te voy a desear que te pase lo mismo, ni que tu hija (de la que os enorgullecéis en vuestras “bio” de estar educando) pase por una pérdida como la que ha sufrido la familia de ese piloto. Ojalá no pases por eso ni tú ni tu familia. Ojalá nadie te lo desee, ojalá nadie se mofe en caso de que pases por un episodio de esos.

Sin más tiempo para dedicarte del que ya te he dedicado, me despido no muy atentamente.

 


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