LA IMPORTANCIA DEL RELAX EN YOGA

En yoga se da especial importancia a la fase de relax, sobre todo al relax profundo al que pretendemos llegar al final de la clase por la relación directa que tiene con nuestro equilibrio psicofísico.
Aprender a relajarnos nos va a ayudar a disfrutar de las horas de sueño y de descanso necesarias para poder desarrollar nuestras acciones durante el día de manera mucho más efectiva.

Mi maestro (Carlos A. Miguel Pérez) lo explica de manera muy práctica y fácil de entender mediante una analogía muy sencilla: comparamos al ser humano con un automóvil. El cuerpo sería la carrocería. El combustible correspondería a la alimentación, agua, aire respirado… La corriente eléctrica sería la energía nerviosa (en Yoga se llama Prana). El lubricante, las diferentes posturas (asanas) que facilitan el movimiento y la fluidez tanto externa como interna. El conductor estaría representado por la mente: controlando tanto los movimientos físicos como fisiológicos, su poder de discriminación, concentración y control de pensamientos. Por último, tendríamos el sistema de refrigeración que estaría proporcionado por el RELAX.

Nuestro ritmo de vida, trabajar en exceso (por imposición o por falta de organización o concentración), los estudios, deportes violentos o practicados incorrectamente  y otros agentes de tensión mental que pueden estar provocados por distintos estados negativos de la mente, todos descontrolados se corresponden con algo tan generalizado como la cólera y la ira. Emociones que nos llevan a discusiones, reacciones descontroladas que nos generan sentimientos también negativos tras esa primera “explosión”.

Estos excesos y descontroles pueden ir conllevando incluso trastornos físicos y fisiológicos (estreñimiento, cefaleas, migrañas, contracturas…) y desde un plano mental/emocional: falta de concentración, dificultad para relacionarse con los demás, irritabilidad…

Aprender a relajarse es aprender a canalizar y redirigir todo aquello que nos causa un malestar en nuestro estado psicoemocional (siempre que esté dentro de lo posible y al alcance de nuestras manos, por supuesto). Hay muchas técnicas para la relajación. Aquí tenemos que tener en cuenta que cada persona es un mundo y le rodean circunstancias muy distintas. Cada uno necesitará unos tiempos y periodos en los que incluso probar distintas técnicas hasta encontrar la más efectiva.

Personalmente, la técnica que uso en mis clases para llegar al relax es la relajación muscular progresiva de Jacobson. ¿Por qué? Por algo muy sencillo, me parece lo más efectivo. Jacobson decía que ya que la tensión muscular acompañaba a la ansiedad, aprendiendo a relajar de manera consciente los músculos podríamos reducir esos niveles de ansiedad, al menos controlarlos.

También es verdad que habría que diferenciar entre un relax, digamos, autoinducido (para uno mismo) que uno guiado. En mi caso, al tener que guiar el relax a un grupo (en ocasiones muy dispar) hay que ser precavido, es decir, pensar que lo que a mí me puede resultar relajante y apaciguador a otra persona puede causarle ansiedad o puede evocarle a algo negativo. Por ejemplo, en las visualizaciones suelen usarse “escenarios” como el mar, un lago poco profundo…imaginad que alguien es hidrofóbico; poco relax va a conseguir. ¿Por qué no uso música? Por la misma razón. Dentro de un grupo grande de personas es mucho más difícil que se coincida en gustos y las emociones que éstos causan. En cualquier caso, insisto, individualmente uno puede escoger la técnica más efectiva y reconfortante.

El equilibrio que nos aporta la relajación nos hará ser más dueños de nuestras emociones y que éstas nos afecten lo más positivamente posible y, con mayor o menor dificultad, está al alcance de todos nosotros.


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