Lo del yoga en los gimnasios

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Quince años. Quince años con sus 365 días cada uno (vale, quitadle fiestas – pocas – y vacaciones – escasas). Y aquí sigo, dando el mayor grueso de horas en gimnasios. Que conste en acta que me parece maravilloso que en un gimnasio exista la posibilidad, entre todas las actividades que puedan realizarse, de practicar yoga. Ahora bien, y como siempre explico a los alumnos, hay que ser conscientes de que es justo eso: de entre todo lo que se puede hacer, yoga es una más. Pero un gimnasio no es el mejor lugar para, por ejemplo, llevar a cabo una progresión y avanzar mucho en la práctica. Para que eso ocurriera, deberían darse una serie de circunstancias que es muy difícil que se den en un gimnasio o centro deportivo: que el grupo sea poco numeroso, que sea homogéneo y que sea constante. Si bien siempre hay muchísima gente que se acerca a la actividad y ve cómo se va despertando el interés al comprobar los beneficios que le va reportando la práctica, también hay un cierto número de socios que van y vienen sin ningún tipo de interés salvo el de ocupar su tiempo durante esa hora porque ya no quedaban plazas en ciclo o BodyCombat. Aquí es donde recuerdo las sabias palabras que nos aconsejaban distinguir entre alumnos, clientes y “fans”.

Hay que tener en cuenta que generalmente un gimnasio es un lugar en el que principalmente se da culto al cuerpo. Aunque últimamente se van incorporando cada vez más actividades que incluyen el trabajo con la mente (a través de ejercicios de concentración, meditación y relajación), todavía cuesta interiorizarlo y asumir que se puede trabajar el cuerpo físico sin dejar de lado el plano mental. Normalmente, el usuario de gimnasio tiende a confundir yoga con estar sentado en una postura de meditación o directamente tumbado “durmiendo”. También es verdad que cuando se deciden a probar una clase, cambian de idea. Influye también el hecho de hacerles ver que practicar yoga es perfectamente compatible con su actividad/deporte favorito (con una serie de matices y precauciones).

En cualquier caso, si vas a comenzar a impartir clases en gimnasios, te dejo una relación de posibles casos que pueden presentarse y que pueden ayudarte a estar prevenido:

 

LO DE LOS RUIDOS

No olvides que estás en un gimnasio. Cambia el chip. Aquí la gente va rápido: sale de spinning y tiene que volar para llegar a yoga. Llegará corriendo, como si le persiguiera una marabunta de zombis en Guerra Mundial Z. Abrirá la puerta sin pedir permiso, entrará como un elefante en una cacharrería, desplegará la colchoneta en medio de la sala como si estuviera limpiando la alfombra de su salón, resoplará y con casi total seguridad SE OLVIDARÁ DE APAGAR EL MÓVIL. (Sí, en los gimnasios es muy común que entren con el móvil).

Si tienes la grandísima suerte (nótese la ironía) de tener tu sala contigua a la zona de mancuernas, disfrutarás de oír cómo sueltan (a veces creo que con rabia) las mismas en el suelo. Piensa que son gongs que marcan los ritmos de las posturas y serás más feliz.

Pero lo mejor que puede pasarte (jeje) es que la sala contigua sea la de Zumba o Ritmos Latinos. RES-PI-RA.

 

EL ALUMNO/A OLVIDADIZO

Es ése que al acabar la clase, y después de haber hecho todos los movimientos posibles con la columna vertebral, te comenta que se le había olvidado mencionarte que tiene “tropecientas” hernias, o que está en tratamiento médico con una medicación muy fuerte, o que está embarazada.

 

EL ALUMNO INDISCIPLINADO

Suele ser el alumno que ya ha practicado antes. Te hará saber que lleva siglos practicando si no verbalmente, haciendo caso omiso a tus indicaciones y haciéndolo como acostumbraba en la otra escuela. En realidad, esto no hace más que dejar latente que, a pesar de haber practicado durante mucho tiempo, es muy posible que no haya aprendido nada o no se lo hayan explicado bien. Puede ser también alguien que no haya practicado antes. Alguien que entra “a probar” y sin miramiento alguno te suelta: “Si no me gusta me salgo”, “A mí el relax no me gusta, me marcharé antes de que lo empieces”, “Sí, sí, yo voy a hacer sirsa (postura sobre la cabeza), que de pequeñito hacía el pino”, “¿Por qué no pones música de esa relajante? En el otro sitio ponían”. Por supuesto, llegará tarde y si puede, se irá antes de terminar la clase. Hablará durante la clase. Si acude con algún amigo o pareja, les entrará la risa en algún momento, cuchichearán y, de ser pareja, se darán la manita si están uno al lado del otro en la postura de relax.

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LA INDISCRECIÓN

Si la sala en la que impartes la clase es acristalada y da directamente a alguna otra, ten por cuenta que tú y tus alumnos estáis en un escaparate. Suele ser bastante incómoda la sensación de ser observado. Mi recomendación es que coloques a los alumnos de manera que no se sientan tan observados, como animales en el zoo. Por otro lado, y tratando de ver el lado bueno de las cosas, piensa que eso puede atraer a personas que tengan una idea equivocada de yoga, que ve lo que realmente se hace en la clase, le interese y le pique la curiosidad y se decida a entrar en algún momento a probar.

EL ALUMNO/PACIENTE

Y no precisamente porque haga gala de la virtud de la paciencia sino porque cree firmemente que eres médico. Vendrá a comentarte todas sus dolencias. Te preguntará qué hacer para curar según qué dolencias, cómo controlar la ansiedad, el peristaltismo intestinal, cómo corregir el estreñimiento, el insomnio, la digestión, su matrimonio. Cuidado. Hay que prestar la atención justa. Es decir, se le puede indicar qué hacer durante la clase o cómo adaptar alguna asana para no perjudicarle o empeorar la situación. Mi consejo, sobre todo si se nos informa de dolencias serias, es remitirle siempre a su médico y dejar claro que la última palabra y el visto bueno para poder llevar a cabo la práctica ha de tenerla el facultativo. De hecho, el gimnasio, en enfermedades graves, tiene que solicitar el consentimiento y el visto bueno del médico por escrito.

 

Y pensarás: vaya panorama que me está pintando esta mujer. Pues sí, pero resulta que con el tiempo verás que es un rodaje estupendo. Que todo esto te brinda la oportunidad de conocer y, por lo tanto, distinguir muchos tipos de alumnos y cómo proceder con cada uno de ellos para darles lo mejor y que todos disfruten de la clase. Así que, adelante, disfruta y no dejes de aprender.

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